La mejor universidad es el viajar. Paulo Coelho ...

El de la ausencia...(segunda parte, Paris)

martes, 20 de abril de 2010

Si a día de hoy tuviera que elegir una ciudad para pasar una temporada, para visitar, o posiblemente para vivir; si tuviera que decir cual es la ciudad que me sorprende cada vez que la veo en fotos, cada vez que la he visitado; si tuviera que elegir ahora mismo mi ciudad preferida, elegiria Paris sin duda. Es un poco trampa, porque tampoco conozco tantas ciudades, seguramente NY pujaría fuerte, pero a lo conocido me remito.


Esta era mi segunda visita a Paris, y la cuarta vez que pisaba sus calles, pero sin duda ha sido la más completa. El equipo lo formamos Jesús, Pablo, Arti, Jaime y un servidor, juritologos todos de cuarto de carrera, y circunstancialmente M&M y la Mocita, dos currelas parisinas que nos acompañaron de vez en cuando. Tenía muchas ganas de estos días, de ver al sibarita de Jaime en el Louvre, y ver a Arteaga practicando su esquisito francés, y la verdad, no me defraudaron.


Cada día una gran historia que recordar. El negro de las bicis, que a cambio de 10€, nos sacó cuatro sevibicis, y al cuarto de hora, llamó a mi movil español; si a mi movil español, sin haberselo dado yo previamente. El camarero del barrio latino que nos quiso cobrar cinco fondues, cuando le pedimos una para compartir. Puticolas a cinco euros. Las caidas de Jesús. Las chinas haciendonos fotos en el Louvre mientras nosotros imitabamos a los cuadros en postura de naked man. Los ligues nocturnos de Arti en la Bastilla. Las pájaras que dan subiendo a le Sacre Coeur.corriendo. Las amigas de María. Las desaparecidas amigas de María. Y Disney...



Además de todas las historias que aqui no se cuentan, visitar la Ópera, el Louvre, subir a la torre Eiffel, ir al barrio chino, pasear por los jardines de Luxemburgo, por los bulevares Haussmannsianos, comer una y otra vez hamburguesas del Quick... no tiene precio, bueno, lo último sí. Unos días de reencuentro muy bizarros, de esos que siempre se recordaran en las ferias, botellones, cambios de clase, tardes de cafetería, y de esos, por supuesto, que al recordarlos no puedes evitar acercar la comisura de los labios a los lobulos de las orejas.

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