La mejor universidad es el viajar. Paulo Coelho ...

El del viaje de unos días a la Costa Azul que se convirtió en un mini-interrail por el Mediterraneo...

viernes, 28 de mayo de 2010

Lo que al principio yo pensaba que iban a ser unos días de playa y descanso, se convirtieron en un megaviaje de diez días, y es que, me apunté al viaje sin saber a donde iba, y hasta pocos días antes de la salida, no me di cuenta de la dimensión de éste. Aquí va un pequeño resumen por días, como siempre las mejores historias, las reservo para la barra de un bar, cervecita en mano.

SABADO 15 de mayo
Comienza la aventura. Habiendo dormido escasas dos horitas, a primerisima hora de la mañana salió nuestro tren desde Lyon-Part Dieu, con maleta de mano, y bolsa llenas de tuppers que había preparado la noche anterior. Revuelto de huevos y champiñones, atún con tomate y mayonesa, aceitunas (de las gorditas) y un paquetes de papas. Evidentemente puse perdido el vagon de tren, y sobró comida para alimentar a medio ejercito.


La expedición la formabamos en ese momento, Maripadi, Laura, Oli, Javi, Martín, y un servidor, más tarde se uniría Salva que cogia otro tren, aunque finalmente se quedó dormido y no llegó hasta el día de después (en fin...)
Llegamos a Niza a medio día y nos fuimos a casa de Irene y Pili que nos acogian esa noche. Las llaves que nos habían dejado no funcionaban, y ellas se habían ido a Monaco a ver el premio de la F1, maletas en mano y con ganas de ver la ciudad hubo que tomar una decisión de urgencia: guardar las maletas en los contadores de la luz del rellano de su casa. Chapeau. Nos fuimos de sinmaletas de la vida a ver un poco de Niza, una ciudad que me gustó bastante, aunque la playa no valia una peseta, lo mejor Vieux Niza, y el Falso Michael Jackson del paseo marítimo. Por la noche nos fuimos de señoriales maneras a salir en Monaco. Era sabado 15 y el domingo 16 era el Gran Premio de Formula 1. Si normalmente es una ciudad lujosa y con coches de lujo, esa noche era para verla. Gracias al asesoramiento técnico de Martin sabiamos los precios, velocidades máximas y caché que tenía cada coche. Aunque el glamour era palpable por todos los sitios nosotros, de españolisimas maneras ibamos andando y haciendo botellón de sandría, para más inri yo lo hacía en un envase de cristal de alcachofas. Aunque no entramos en ninguna disco, y no nos recogimos excesivamente tarde, fue una de las mejores noches del viaje, haciendonos fotos en la curva y en el tunel a escasas horas de que empezara la carrera. Sublime.



DOMINGO 16 de mayo
Después de un poco de pasta para llenar el estomago nos fuimos a la playa de Niza. Una playa imposible para pasear o moverte de tu sitio ya que es de piedras, pero de señoras piedras. Aún así el astro nos iluminó con los primeros rayos para nuestros moreno de pelicula. Por la tarde, y sin habelo planeado nos fuimos a Cannes, donde nos esperaba el Festival de Cine. Incluso de peores quisas que la noche anterior, camisetas y pantacas cortos, nos plantamos allí con todo el glamour cinematografico. Aunque no vimos ningun famoso, o al menos nuestras asesoras de prensa rosa no se percataron de ello, si vimos yates. Muchos yates. Yates como no los había visto en mi vida, ni en Marbella, ni en Chipiona, ¡qué ya es decir! Las malas lenguas decian que estos "barquitos" no podian ser de particulares, que pertenician a grandes empresas, y es así como nacio el proyecto de sociedad naval para tener nuestros propios barcos. Esta noche dormiamos en Niza de nuevo, pero en el albergue de juventud.



LUNES 17 de mayo
Madrugón para ir a la playa. Previo desayuno nos plantamos en el tren dirección Villefranche sur Mer, un pueblecito recomendado por Oli que había estado allí con su familia años atras. No defraudó. Pueblo costero de pescadores, pequeña playa y agua cristalina. Un paisaje precioso, y un día de playa increible con pelota, sol y bocatas variados después de una hora buscando sitios donde comprar comida en el pueblo.



De playeras maneras, toalla al hombro y bañador nos plantamos en Monaco de nuevo para ver la ciudad de día y ver lo que quedaba del Gran Premio. Pudimos pasar por boxes y hacernos alguna foto, e incluso entrar en un casino sin que nos dijeran nada, aunque llamando un poco la atención, para que nos vamos a engañar. Aunque no invertimos nada en el casino, Javi encontró un vale por 0'10 euros así que los beneficios fueron increibles. Por la noche, al llegar a Niza, ocurrió una desgracia. Salva, que horas antes había asegurado que en el segundo semestre no le habían ocurrido penurias, tenia la espalda y la pierna echa polvo, así que fuimos al hospital a que le recetara algo. Revistas, regalices, meados y pinchazos después le dejaron ir, y muertos de hambre nos fuimos a un kebab a tomar algo. Esa ncohe fue larga. Teniamos que pillar un bus dirección Génova, que salia a las 4'00 de la mañana, y llegaba a las 6'00. Gracias de nuevo a la cortesia de Irene y Pili, estuvimos un ratillo en su casa, matando el tiempo, haciendo maletas, y dandonos un duchazo. Después al bus, un viaje corto, pero soñoliento.



MARTES 18 de mayo
Al bajar del bus, y sin poder pisar el albergue hasta horas después, fuimos a desayunar algo. Matando el tiempo para poder ir al Bed&Breakfast Maura dimos un par de vueltas por la ciudad, aunque pronto cogimos el bus y nos pusimos a dar vueltas buscadolo para dejar las maletas y salir a ver la ciudad.

Cuando finalmente vimos el portal, nos temiamos lo peor; una cartulina sucia y arrugada con las señas Hostal Maura, please don't ring, telephone me. Hicimos caso omiso, y llamamos al porterillo, aunque ante la falta de respuesta, telefoneamos al señor Maura. En mi italiano casi perfecto pude entender que el pibe, vendria en unos minutos, y así fue. Al subir a la casa se disiparon nuestros miedos, era un apartamento con tres habitaciones, baño y cocina bastante digno, en todo el puerto, y con parada de metro cerca. El buen hombre nos indicó que habia desayunos por las mañanas, y cuando se fue, como en el cuento de Ricitos de Oro, nos comimos los sobaos que había allí preparados. Nuestra sorpresa fue cuando aparecio una pobre chinita, que parecia ser la destinataria de ese desayuno y se vio sin sobaos. Todo quedó en unas miradas chungas, y un poco de sentimiento de culpa. Después de dejar las maletas en el pasillo, nos pusimos en dirección a la costa a una pequeña región que nos recomendó el hombre. Con todo el sueño que puede tener una persona mayor nos quedamos dormidos en el tren, y llegamos al primer pueblo Camougli. Increible. En mi opinión, lo más bonito que he visto en el viaje. Un minusculo pueblo con todos los edificios pintados de colorines, una pequeña playa de piedras, y un puerto pesquero. Un paseo lleno de trattorias, donde comimos, y una gelatoria donde tomé el mejor granizado de la historia, y no exajero, era melón puro. Como no tenía playa, y teniamos ganas de echar una siestecita al sol, cogimos de nuevo el tren y fuimos a Sta. Margharitta, y a Chiavari. Nos quedamos en este último, ya que el anterior no tenia ni chicha ni limoná. Un sueñecito algunos, otros unos toques de balón y unas Morettis, y vuelta a Genova. Por la noche, vimos algo de la ciudad, cenamos, como no, unos taglios de pizza, y nos volvimos pronto porque no habíamos dormido practicamente nada en dos días, y al día siguiente había que madrugar.


MIERCOLES 19 de mayo
Una vez aseados y con las maletas preparadas para coger el vuelo a Trapani, nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Pronto encontramos un compro-oro, y fuimos a mirar si tenía valor una cadena que habíamos encontrado en Mónaco, y que era la primer activo de nuestra Sociedad Naval, pero no hubo suerte, oro del que cagó el moro.


Entramos en todas las iglesias que a Salva le parecian increibles, y yo por fin encontré lo que buscaba unos botines (deportivas, deportes, playeras, bambas...al gusto del consumidor), ni corto ni perezoso, me compré unas en FootLocker, que estaban de rebajas, y luego unas Kawasaki que estaban al 50% en otra tienda. Ahora surgia un problema, donde iba a meter yo tanto calzado en mi minimaleta. Muy apurados, y con pocos minutos de margen llegamos al aeropuerto. Había conseguido meter las Kawasakis en la maleta, pero las otras playeras no. Como los de Ryanair solo dejan meter un bulto, y yo ya llevaba una sudadera, una chaqueta, y una riñonera escondida debajo, no me privé y até los cordones de los botines, y me los colgué al cuello. Fácil, eficaz. El problema fue cuando en el avión, que estaba acolapsado como la Palmera, y no habia sitio para todas las maletas y me vi dando vueltas de un sitio para otro con los botines colgando del cuello, un espectaculo para algunos pasajeros. Después de un viaje de poco más de una hora llegamos a Sicilia, hogar de la mafia. Estuvimos durante media hora mirando precios para alquilar un medio de transporte durante los cuatro días que estariamos en la isla. Finalmente alquilamos una Fiat Scudo de 9 plazas, a la que bautizamos como Juampi, en honor al mítico erasmus lyonés. Unas cuantas vueltas por el parking para cogerle el truco al coche, y directo a Trapani, un pequeño pueblo sin mucho que ver, aunque lo suficiente como para dar una vuelta por el paseo marítimo y que una ola me rompiera en la espalda.



JUEVES 20 de mayo
Madrugón para aprovechar el día. Fuimos a Segesta a ver un templo griego, aunque lo vimos de lejos ya que era de pay per view, y no colaba que fueramos estudiantes de arte, así que continuamos el viaje hacia Palermo, la capital de la isla. Aunque solo estuvimos cuatro horas, Palermo es de lejos una de las peores ciudades que he visto en mi vida. Trafico caótico; en un carril, se metian dos coches, en dos carriles cuatro, adelantamientos por el arcen, y por el carril contrario en plena ciudad, coches en doble y triple fila, motos por doquier sin casco. Todo el centro historico repleto de edificios completamente en ruina, graffitis, y basura por todos los rincones. Venta ambulante en cada rincon, incluso un puesto de pinchitos en una incorporación a la autopista. Para colmo, a la salida, el tomtom nos guió por unos caminos poco frecuentados por el turista de a pie, y tuvimos que dar marcha atras entre cuestas, una lluvia monzonica, y un público sospechoso cuanto de menos, gracias a Dios, todo salio bien. Por carreteras comarcales llegamos a Cefalu, un pueblecito costero donde dimos un paseo por la playa e hicimos la compra, todo ello acompañado de helados por supuesto. De allí nos fuimos directos al B&B siguiente, en Nizza di Sicilia, cercano a Taormina, la ciudad que queriamos visitar.


De nuevo, la incertidumbre por ver donde nos metiamos era grande. El pueblo no tenia muy buena pinta, y el edificio tampoco se caracterizaba por ello. De nuevo, volvíó a sorprendernos. Un par de inmubles con cocina, salón completo con labtop y wifi, play 3, DVD, y TV de más de 40", con desayuno incluido, y un hostelero, que de hospitalario, era pesado ya. Este que os escribe se quedó pronto dormido, con la escusa de que conducia ni hacia la comida, ni recogia los platos, así que me fui a echarme una siesta al sofá. El resto, estuvieron de melones y ron hasta bien entrada la noche.

VIERNES 21 de mayo
Cuando metimos todo en el coche, y pagamos los escasos 10 euros por barba que nos había costado el albergue, nos fuimos a Taormina. Pueblo situado en plena montaña, y a la orilla de la playa, aunque a este había que bajar en telecabina. Un sitio precioso, con unas vistas increibles, y un teatro griego espectacular. Otro de esos sitios con los que me quedo del viaje.



Para comer, bajamos en coche a la playa de Isolla Bella, uno de esos lugares paradisiacos de las postales, que en vivo son igualmente paradisiacos. Nos comimos unos bocatas y una sandia que habíamos comprado el día anterior, y que estuvo enfriandose en la orilla. No nos pudimos bañar porque la playa estaba impracticable, pero si tomamos el sol y echamos unas risas enfrentando cangrejos hermitaños y haciendonos los aventureros entre las rocas. A media tarde, hora francesa, nos fuimos, sin mucho sentido, dirección Etna, el volcán de la isla. Subir, subir y más subir con el furgo. Llegó un momento en el que nos dimos cuenta que ya no valia la pena subir más, nos habiamos parado a ver las igneas vistas, y a tirar piedras al vacio, y alguna que otra señal de merendero, así que nos fuimos ya de vuelta hacia Catania, nuestro último destino. Llegamos a Catania, que era una ciudad grande, pero más cuidada que Palermo. El alojamiento de estos dias fue el peor, no ya por el sitio, sino por lo pesado que era el hombre que cuidaba la morada. Con paciencia y salibita, conseguimos meter el coche en el aparcamiento, y salimos con los amigos de Javi que están allí de erasmus. Esa noche ibamos a darlo todo. Estuvimos bebiendo en casa de Jose y Francesco, y después entramos en un club. Explotando toda la picaresca habida y por haber para entrar gratis, o más barato en los sitios, entrabamos y saliamos recogiendo a gente, y le dabamos palique al que vendia las entradas, que había estado de erasmus en Sevilla, y se puso a cantar conmigo el himno del centenario, ya estaba todo hecho. Para acabar la noche me pusieron una copa que solo llevaba alcohol, recuerdo ginebra, ron blanco, vodka y algo más que no vi, pero que me sentó como un tiro en el pecho. La vuelta a casa fue movidita, pasando por los puestos de venta de pescados, cantando Andy y Lucas, y esas cosas que solo se hacen cuando se vuelta a casa de fiesta.


SABADO 22 de mayo
Noches de desenfreno, mañanitas de ibuprofeno. Después de recuperarnos de la noche, asearnos, y salir a comer algo, nos dirigimos a Siracusa, con dos nuevos acompañantes Jose y Francesco, y un tripulante menos, Salva, que se iba a Bologna. En Siracusa Laura y María consiguieron que compraramos las pulseras de la amistad (!osea super friends forever and ever tia¡) y dimos un paseo por el pueblo, adquiriendo granizadas y helados. Por la noche salimos a dar una vuelta por el centro, y tomarnos unas cervecitas. Sitio extraño Catania. La zona de movida, estaba llena de gente hasta la bandera, pero nadie bebia, y solo había chavaleria joven. Los hombres, con un look que tampoco voy a calificar en este blog, iban todos agarrados del brazo como señoras mayores, y se daban siempre dos besos al verse, super curioso. Nos tomamos unas mini pizzas, y unos chupitos que nos supieron a infierno, sobre todo el de fuego del Etna, buag, y nos fuimos a la cama.


DOMINGO 23 de mayo y LUNES 24 de mayo
Salimos del albergue de Catania a las 9'30 de la mañana, y sabíamos que no llegaríamos a Lyon hasta el medio día del día siguiente. Primero en la furgo hasta Catania, después avión hasta Génova, allí hasta las 22 que cogíamos el bus hacia Niza, y en Niza toda la noche hasta coger el tren a las 6 para Marsella, y de allí a Lyon. Veintiocho horas de viaje de vuelta, durmiendo donde se podía, y como se podia. No se me hicieron largas la verdad. En el aeropuerto vivimos una de las experiencias más cutres de nuestras vidas. Cual tiraos de la calle comiendo salchichas crudas con ketchup, un servidor se puso la camisa entera perdida de salsa, con los botines colgando, e intentando cerras maletas. En Genova, dimos un paseo por la ciudad, y cenamos en un aperitivo donde nos pusimos hasta las manillas. Y en Niza estuvimos de homeless en el portal de estas chicas de charleta y jugando a listasde, aunque pudimos estar bastante en la calle ya que contra todo pronostico, hacia bueno. En ambos trenes fuimos todos dormidos hasta que llegamos a Lyon.



Pocas cosas hubiera mejorado de este viaje, evidentemente la compañía no es una de ellas. Un viaje de colofón del fin de la erasmus [=(], con algunas de esas personas que han estado conmigo durante todo el curso. Lo mejor del viaje, la furgoneta, cantando, charlando, jugando a coche azul, a listas de, y en fin, conociendo un poco más a esas personitas a las que pronto se los llama "amigos erasmus" pero que poco a poco, se convierten en amigos, simple y llanamente.

Para nosotros quedará siempre los pasteles, el pijama de Javi, la cara de Martin la noche de Monaco, el "María diNegro", el bote de Laura, las iglesias y calles estrechas de Salva, las "expresiones" de Oli, las aceitunitas gorditas, los incendios en los cuartos de baños, el truco de trapani (shhhh secreto secreto), las conversaciones escatologicas, los momentos en la playa, y las risas, todas las risas que nos hemos echado.

3 comentarios:

Javi dijo...

Muy grande este viaje. Disfrutando a tope del bueno tiempo, de los increíbles paisajes marítimos (e ígneos), pero sobre todo de una inmejorable compañía (dentro y fuera de la Scudo).
Me encantaría poder dar a un botoncito y a aparecer justo en el momento en el que arrancó el tren de Part Dieu dirección Marsella, y revivir esos días.
Muchas gracias a todos


P.D. El psicólogo me ha detectado depresión post-erasmus.

Vero dijo...

La verdad que si un viaje a la Costa Azul resultó ser algo que puede remitirte al mediterraneo.. quiero ir ya! jaja
no, en serio,la verdad que la recomendación me viene muy bien porque con esto de tener que pagar todos los meses el alquiler del departamento temporario en Palermo al que me mude desde hace un año.. la posibilidad de viajar realmente es muy escasa, pero una escapada así como esta puede andar! Se la comentaré a minovio
gracias por la idea! saludos

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